La inteligencia artificial (IA) está transformando a una velocidad inédita la manera en que las organizaciones operan, deciden y crean valor. En la cadena de suministro, su impacto es ya visible: automatiza tareas, mejora la eficiencia y redefine el papel de la función de Compras como motor estratégico.

En el webinar La IA en la cadena de suministro: lo bueno, lo malo y la realidad, organizado por IESA y Unikemia, los expertos María Padilla y Diego Maciel, junto al moderador Oswaldo Lorenzo, analizaron cómo esta tecnología está configurando redes más ágiles, resilientes y sostenibles.

Una revolución que exige nuevas habilidades

Oswaldo Lorenzo destacó que las capacidades de la IA se duplican cada tres meses y medio, superando cualquier precedente tecnológico. Este ritmo acelerado convierte el upskilling y reskilling en una prioridad para los profesionales. Convertirse en líderes AI-savvy es esencial para integrar la tecnología de forma estratégica y ética en las decisiones empresariales.

Lo bueno: eficiencia, personalización e innovación

Según María Padilla, la IA ofrece beneficios tangibles: incrementa la productividad al automatizar tareas repetitivas y anticipar necesidades; posibilita la hiperpersonalización en marketing, atención al cliente y servicios; y reduce las barreras a la innovación, al facilitar la creación de soluciones o contenidos de forma rápida y accesible.

Más que reemplazar personas, la IA se convierte en un aliado colaborativo que amplifica la capacidad humana para innovar y pensar estratégicamente.

Lo malo: sesgos, desigualdades y riesgos éticos

Padilla también advirtió sobre los peligros de una implementación acrítica. Los algoritmos pueden reproducir sesgos en la selección de proveedores, favorecer grandes clientes o ignorar criterios de sostenibilidad al priorizar costos, excluyendo grupos menos favorecidos. Además, la falta de transparencia en la toma de decisiones automatizadas puede derivar en prácticas injustas o discriminatorias, afectando la equidad en el acceso a bienes y servicios.

Por otra parte, si la automatización busca solo reducir costos, puede fomentar prácticas no sostenibles o intensificar la carga laboral sin considerar el bienestar humano.

Por ello, la ética y la gobernanza deben ser ejes centrales en la adopción de la IA. No solo por obligación legal, sino como ventaja competitiva que genera confianza y sostenibilidad.

La realidad: solo un 5 % alcanza el éxito

Diego Maciel explicó que apenas un 5 % de las empresas logra integrar la IA de forma efectiva. Las barreras más comunes son la inercia de sistemas antiguos, la escasez de talento experto que combinen tanto el dominio técnico como el conocimiento del negocio y la fragmentación de datos y finalmente el “hype y desalineamiento cultural” que ocurre cuando las compañías implementan IA sin una comprensión clara de su propósito o sin involucrar a los usuarios.

Su recomendación: empezar con casos de uso concretos, como la optimización de rutas o la evaluación de riesgo en proveedores, antes de escalar proyectos. También insistió en establecer alianzas con proveedores especializados y una gobernanza sólida de datos.

El factor humano, clave del éxito

Padilla y Maciel coincidieron en que la IA no sustituirá al ser humano, pero transformará el modo de trabajar y liderar. El verdadero avance llegará cuando las empresas equilibren tecnología, talento y valores, impulsando cadenas de suministro inteligentes, éticas y centradas en las personas. Finalmente, solo las organizaciones que combinen tecnología, talento y valores lograrán cadenas de suministro verdaderamente inteligentes, resilientes y sostenibles.